La educación y los principios que traspasamos generación tras generación evolucionan junto con el contexto social. No obstante, para muchas personas que vivieron su infancia y adolescencia en esas décadas, las diferencias pueden ser sorprendentes o incluso desconcertantes. En un artículo publicado por Global English Editing, la escritora de desarrollo personal Eliza Hartley reflexiona sobre aquellas lecciones de vida que, en su opinión, se han desvanecido con el tiempo. Estas son algunas de las más importantes. ¡No te las pierdas!
1. Saber apreciar las cosas simples
Hace ya unos años, la vida no estaba marcada por la tecnología ni las redes sociales. Los niños y jóvenes descubrían formas creativas de divertirse sin depender de una pantalla. “No teníamos videojuegos ni plataformas digitales para mantenernos ocupados. Aprendimos a valorar lo sencillo, a disfrutar del aire libre y a usar la imaginación”, comenta Hartley. Ahora, cuesta saber encontrar esos espacios de desconexión para valorar las pequeñas cosas.
2. El sentido de comunidad y el poder de la unidad
"Antes conocíamos a nuestros vecinos y nos ayudábamos en tiempos difíciles“, recuerda. Además, los años 60 y 70 estuvieron marcados por movimientos sociales significativos, que demostraron el poder de la unidad en la lucha por causas comunes. Ahora, la sociedad tiende a ser más individualista, y esa cercanía entre las personas se ha debilitado.
3. Aprender a esperar
Actualmente, el ritmo acelerado de la vida hace que la impaciencia se haya convertido en la norma. Antes, era necesario aprender a esperar: “Esperar a que pasaran nuestra canción favorita en la radio, a que llegara el periódico del domingo para informarnos o a que una carta fuera entregada... La paciencia no era solo una virtud, era una necesidad”, señala Hartley.
4. Disfrutar más del tiempo en familia
Durante los años 60 y 70, la familia tenía un papel central en la vida cotidiana. Las comidas familiares eran momentos de conexión. Hoy, la vida moderna ha dejado estos encuentros en un segundo plano, reemplazándolos por rutinas más individualistas. “Las cenas familiares han sido sustituidas por comidas rápidas y la convivencia ha cedido ante el ajetreo diario”, lamenta la autora.
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5. Autenticidad ante todo
Para acabar, Hartley destaca la importancia de mantenerse fiel a uno mismo en un mundo donde la imagen y la aprobación social tienden a tener más peso que la autenticidad. “En una era de fotos editadas y perfiles perfectamente curados en redes sociales, la autenticidad es un valor que se está perdiendo”, señala. Para ella, vivir en coherencia con los propios valores y principios, sin dejarse influenciar por las expectativas ajenas, es una de las lecciones más valiosas que aprendió en su juventud.